En nombre de la humanidad exijo que no exista la belleza.
Recuerdo que el primer día que la vi, yo, distraído como todo chico adolescente, no pude menos que seguirle la pista como si ella en realidad no fuera de esta parte del mundo; ella, resuelta, como a quien no le importa la cosa o, peor aún, como quien desconoce su estatus de proeza angelical, caminaba por entre los jardines desdeñosa y feliz, como si no conociera la fealdad, o nunca se hubiese topado con ella en la faz de cualquiera.
Era un ser al que la lengua le adeuda nombres. Parecía mujer siendo niña. Una criatura que, de tan maravillosa, ofende a los que sin desear la miran, y a quienes desean mirarla el remordimiento surge antes que la tentación.
Yo quise acercármele un día, y me quedé, estúpidamente, sin palabras.
Un arrebato de su furia, un gesto de desprecio, una hermosa mueca de aborrecimiento, cualquiera hubiera bastado…, una razón para poder odiarle, para poder ver en ella las carencias que nos hermanaran. Pero siguió alegre; y con esa última sonrisa que me dirigió, selló mi humillación; como si con ese acto hubiera subrayado en un instante los rasgos más abominables de mi existencia. Debí matarla.
Por un tiempo, taciturno, sin pensar en ella, sin tenerla cerca, mi aversión disminuyó. Como sucede con aquello que no enorgullece, la belleza fue borrada de la memoria colectiva con genuina celeridad. Pero hay quienes, de tanto odiarla sin motivo, la recuerdan.
No obstante, exijo, en nombre de la humanidad, que no exista la belleza.
Iván valmun
El vuelo del acertijo (Mario Rovel) V2
Hace 5 días